A principios del XIX en Europa, el jardín experimenta sensibles signos de cambio, tales factores fueron el eclecticismo romántico, la predilección por las colecciones botánicas y las especies exóticas.
Desde mediados de siglo se asiste a una revalorización progresiva de las formas geométricas, hasta que llega a afianzarse un tipo de jardín compuesto, que alberga tanto formas libres paisajistas del jardín del XVIII como elementos del jardín clásico francés del XVII.
Esta época plantea también el “arte de los jardines nuevos”, vinculados al fenómeno de la expansión urbana impulsada por la incipiente Revolución Industrial. Parques y jardines mas que para el disfrute de unos cuantos como parte integrante de las grande residencias señoriales, se crean sobre todo para satisfacer la exigencias higiénicas, recreativas y educativas de los habitantes de las ciudades. Y de esta manera, los términos de este arte ya no son solamente de índole estética y técnica, sino que han de afrontar también todo un conjunto de necesidades sociales.
En este sentido, la creación del parque de Ribalta (1868-1876-1910) supuso un impulso innovador para Castellón y una iniciativa de modernidad sin precedentes, en una ciudad que iniciaba un despliegue industrial hacia la industrialización que no llegó a tener repercusión en aquel momento, materializándose en las actividades artesanas.
Se trata de un parque público de nueva implantación, de mediados del XIX y de iniciativa municipal. Realizado junto a la nueva entrada. La estación de Renfe recién inaugurada con la línea Valencia-Castellón (1862). Como muestra del poder económico de la población y de su burguesía agraria, y como antesala de la ciudad que se quiere instaurar.
Su diseño, responde a una composición que permaneciendo disciplinada en formas geométricas dentro de los cánones académicos, se macla con una sutil trama irregular de caminos sinuosos “paseos de filosofo” y espacios sorpresa, que se disuelve en libres formas paisajistas.
Lo jalonan, de manera algo descuidada, una variada vegetación de arbustos y tupidos árboles de gran envergadura y crecimiento libre. El resultado es una fastuosa y variada escenografía floral de formas, tamaños texturas y colores difícil de igualar, con especies exóticas no fácil de conseguir hoy día. Es la nueva visón del mundo natural, del más ortodoxo jardín romántico.
El parque lo forman dos espacios cuadriláteros y otro triangular de desigual tamaño, apoyados en amplios paseos con rotondas de diferentes dimensiones y formas. El ámbito central es el “salón social de la ciudad” y charnela de los otros dos. Confluyendo las alineaciones de las tres zonas en la glorieta de la Farola, como vértice central de la unidad cinética del entorno.
Está jalonado de amables arquitecturas de diferentes épocas, que cumplen funciones complementarias al uso (bancos, balaustradas, caseta del pozo, kiosco para las aves acuáticas, templete de música, palomar, etc). A excepción de la actual “pérgola”, que su implantación supuso en la década de los setenta, una innecesaria mutilación y un brutal impacto en el entorno.
Tampoco faltan los juegos de agua y las plataformas, como herencia del jardín renacentista. El estanque-depósito, con formas ya de inspiración modernista, está rodeado de un interesante gradiente vegetal que culmina con árboles junto al agua. Dando como resultado, uno de los efectos pictóricos de inspiración paisajista mas conseguidos del parque.
Y como obligado en todo jardín de inspiración románica, no falta la montañita rocosa con gruta y cascada, de influencia del jardín chino. Estaba como fondo de perspectiva en la rotonda de la primera “pérgola”. Aún se conserva, periclitada, en la parte posterior del pabellón. Es la única pieza que se salvó de aquel entrañable entorno isabelino.
El Parque de Ribalta, no solamente es el más emblemático de los jardines de Castellón, sino que es el más paradigmático de la Comunidad Valenciana.
Por su condición de parque público de nueva creación, su temprana ejecución de mediados del XIX de inspiración higienista y social, su clara tipologia romántica, y su reconocida autenticidad, como el que mejor conserva la estructura primera de su configuración, así como el mejor documentado. Todos los autores coinciden en considerarlo único en su género, así como por su tamaño, el decano de los públicos de nueva implantación en la Comunidad Valenciana, y uno de los pocos de España, de dicha época, con mayor autenticidad.
Su reconocimiento por parte de la Academias de Bellas Artes de San Fernando para elevarlo a la categoría de Bien de Interés Cultural en 1981, es suficiente muestra del valor testimonial que se le otorga a nuestro entrañable jardín. Nos lo ensalzan por histórico, por su pureza de estilo, por su botánica, por lo sensorial, por su coherencia estética.
El Ribalta debemos conservarlo y mimarlo, es un patrimonio de todos que debemos “poner en valor” mediante intervenciones respetuosas con su autenticidad. Solamente desde estos planteamientos podremos entenderlo, redescubrir sus sensaciones, disfrutarlo e intimarlo. Debemos hacer el esfuerzo de reflexionar, nutrir nuestra sensibilidad y aprecio al conocimiento de este hecho tan singular nuestro, situándolo en el lugar que se merece. Haciendo gala de sus patrocinadores y artífices.
Y por ello, como depositarios que somos de este Patrimonio de la Ciudad de Castellón, que ha llegado hasta nuestros días en su estado casi original, nos vemos en el compromiso ineludible de transmitirlo a las nuevas generaciones, como lo que es, como PARQUE.